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“Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”, y una parte imprescindible en el trabajo diario de una empresa que cotiza en bolsa, es el tratamiento de la información, tanto a nivel interno, como con las entidades reguladoras, como con los inversores y la sociedad en general. Cada una de ellas requiere unos tiempos y formas diferentes, pero que ese trabajo esté bien hecho puede afectar a un aspecto tan importante como es la capitalización de la compañía. De un buen tratamiento de la información puede depender el interés de los inversores… ¿o es el interés del mercado el que marca la comunicación a seguir? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? En este caso (y solo en este), las dos.

La comunicación es como una partida de ajedrez. La estrategia juega un papel fundamental en la partida. Un análisis exhaustivo de la situación, valorar todas las opciones, pensar a largo plazo y no descuidar los flancos. Hay turnos en los que la estrategia saldrá como estaba previsto, y otras en las que la partida cambie de rumbo y sea necesario adaptarse a él. Cuanto más detallado, elaborado y preciso sea el análisis, más probable es que elijamos la estrategia adecuada y que la partida transcurra en el sentido más favorable a nuestros intereses. Cada pieza, con su movimiento particular, desempeña una función imprescindible específica en el entramado y, en ocasiones, será necesario sacrificar alguna pieza para alcanzar un objetivo mayor.

La comunicación financiera es como una partida de ajedrez, pero la versión 3D de Star Trek (atención cinéfilos). Además de las variantes normales de una partida al uso, entran en juego nuevos factores que complican el desarrollo de la acción. Por un lado, las entidades reguladoras. En el caso de España es la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) la que dicta las reglas del juego. Es necesario seguir sus normas en lo que a desvelar información comprometida se refiere. Hace de “filtro” de información para todos aquellos hechos relevantes o noticias importantes referentes a la actividad de la empresa. ¿Para qué? Para evitar que se haga un uso indebido de información privilegiada. La CNMV está para velar por los intereses de todos los posibles inversores, y que las condiciones del juego sean iguales para todos, sin ventajas.

En la otra cara de la moneda tenemos a los inversores. Los inversores de bolsa se mueven por tendencias del mercado entre valores que pueden tener un recorrido alcista, o que, por la situación en la que se encuentra el valor, tenga unas perspectivas de futuro realmente jugosas. En cualquier caso, los movimientos en bolsa pueden ser predecibles. El trabajo de comunicación de una compañía que cotiza en bolsa pasa por mostrar una perspectiva de futuro positiva con hechos demostrables. Es aquí donde entramos en ética profesional.

Es indudable que cualquier persona que forme parte de una cotizada quiere que el valor de su empresa crezca. Para ello, la comunicación dispone de herramientas que pueden hacer ver a los posibles inversores que la previsión de futuro es óptima, con la premisa moral de no entrar en especulaciones. Jugar con la confianza de los inversores y, en definitiva, con su dinero, no es para nada recomendable y puede perjudicar mucho la reputación de la compañía.

Como conclusión, la estrategia de comunicación financiera siempre debe ser transparente y ética y la sociedad lo valorará positivamente. Quién sabe, quizás el día de mañana sea tu compañía la nueva integrante del IBEX 35.

Ejecutivo de cuentas Sr.