Indie PR + digital | ¿Y si la salida a la crisis está en la gente de letras?
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¿Y si la salida a la crisis está en la gente de letras?

¿Y si la salida a la crisis está en la gente de letras?

“El humanista siempre será necesario. Él marca el camino por el que tienen andar los demás profesionales. Los demás saben, él conoce y creedme, es distinto. El saber sin conocimiento nos lleva a un callejón sin salida”. Con estas palabras, más o menos, el decano de una Facultad de Letras y Humanidades  concluyó su intervención durante un acto de Licenciatura.

Supongo que la mayoría de asistentes pensarían algo así como “ya, bueno, qué va a decir el decano de una facultad a la que cada año entran menos alumnos y los que se gradúan suelen acabar en el paro o con una gorrita dispensando hamburguesas y ensaladas light en algún restaurante de comida rápida”. Por no hablar de aquellos padres que aún no entendían cómo su hijo no estaba en el edificio de al lado recibiendo su diploma de Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, Ingeniería Industrial o lo más: Medicina.

Es cierto que hoy en día estudiar Historia, Filosofía o cualquier Filología se ve como una pérdida de tiempo, y las facultades donde aún se imparten estas carreras (la de Humanidades se la ha comido Bolonia) suelen tener una especie de olor a viejo, rancio, pasado de moda… Como si manifestar cierta inclinación por las letras fuera casi un pecado capital. Es mucho mejor, al parecer, no tener ni idea de quién escribió “El Fedro” o por qué las catedrales góticas parecen querer tocar el cielo con sus torres puntiagudas, pero sí tener un título de ADE que te asegure un puesto en alguna consultora.

Este post va dedicado a todos esos valientes que se atrevieron a decir -¡en pleno sigo XXI!- que querían estudiar una carrera por el simple placer de hacerla; a todos aquellos que desafiaron las leyes de la física y decidieron pasar horas en una biblioteca leyendo un libro de Historia del Arte; a todos aquellos que se pasaron el pragmatismo, que se rieron, en el fondo de sus corazones de humanistas, de aquel amigo que les dijo que estudiaba empresariales “porque tiene muchas salidas”.

Porque… ¿sabéis qué? No son esos filólogos los que nos han llevado a la ruina. Porque la culpa de que un historiador no tenga trabajo tiene más que ver con esos economistas que en su día prefirieron “saber” y no “conocer”, que crearon -o moldearon si lo preferís- una sociedad donde el único fin era obtener beneficios a fin de mes, pesara a quien le pesara, vendiendo, si hacía falta, acciones preferentes o hipotecas a gente sin apenas estudios, provocándoles la ruina tiempo después. Porque tal vez, y sólo tal vez, si nos paráramos a PENSAR, pero a pensar en MAYÚSCULAS qué nos ha pasado estos últimos años, tal vez y sólo tal vez, encontraríamos la respuesta donde siempre ha estado, en los libros, en esas hojas apolilladas que, por ejemplo, un señor con túnica hace muchos, muchos años escribió. Ése era la aportación de la que hablaba en su discurso ese profesor a esos futuros trabajadores de McDonlads.

Y me permito acabar con otra cita, más o menos literal, que en su día escuché a una profesora en una de esas facultades que tanto me gustan y tienen un olor tan a rancio, mientras impartía una de esas asignaturas tan poco pragmáticas para ganar dinero: “En 3000 años no hemos avanzado ni un poquito en nuestro conocimiento. Sabemos más, la ciencia nos aporta unas técnicas y unas habilidades con las que no habríamos podido soñar hace no muchos años; pero a la hora de la verdad, no creáis que ‘conocemos’ más que un vecino de Sócrates”.