Uso y abuso de los “globos sonda”

Se elevan sobre nuestras cabezas con bastante más frecuencia de lo que pudiéramos imaginar y casi siempre consiguen el efecto inmediato esperado: provocar el debate y la controversia. Durante unos días ocupan las portadas de los medios de comunicación, hasta que se desinflan. Y, una vez desinflados, sale un portavoz autorizado a desmentir la existencia de una iniciativa en firme o de un borrador para poder llevar a cabo el proyecto anunciado.

Los globos sonda son una herramienta antigua, cada vez más utilizada por los gobiernos actuales para “sondear” a la opinión pública sobre asuntos casi siempre desagradables para los ciudadanos. globo-sonda-copago-farmaceuticoEl problema que tienen estas filtraciones interesadas radica en la dificultad que entraña dirigir el globo en la dirección deseada. Pero, en cualquier caso, siempre ofrecen una información valiosa para enfocar los asuntos de una forma determinada, devolverlos al cajón o seguir con ellos adelante, calibrando mucho mejor sus consecuencias.

Uno de los últimos globos sonda – y el primero del año 2017 – ha sido la supuesta ampliación del copago de las medicinas a los pensionistas con un poder adquisitivo más alto. La información, confusa como suelen ser este tipo de filtraciones, surgió durante una entrevista concedida por la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, a primeras horas de la mañana, a la emisora pública catalana Ràdio 4. El “globo” tomó inmediatamente altura y unos minutos después ya era titular destacado en Internet y en los informativos de radio.

No estaba claro si los que tendrían que pagar las medicinas eran los jubilados con una pensión superior a los 13.000 o a los 18:000 euros, pero esa inconcreción no iba a restar alarma y polémica al debate. En las tertulias de ese mismo día y en las del día siguiente, la ministra y sus asesores pudieron comprobar, estudiar y analizar todo tipo de reacciones. Algunas a favor y la mayoría en contra. “¡Cómo puede proponerse una cosa así! ¡Otra vez los recortes castigando a los pensionistas, en lugar de reducir otros gastos!”

Tampoco faltaron las opiniones críticas hacia la ministra, argumentando bisoñez y falta de conocimientos sobre la materia de la que estaba hablando. Ni algunas muestras de extrañeza en otros miembros del Gabinete que probablemente hubieran preferido evitar que ese “globo sonda” despegara… Estaba claro que la ministra había dejado caer en la entrevista la necesidad de aplicar medidas para reducir el gasto farmacéutico, algo que apenas se ha conseguido pese a las medidas adoptadas en la anterior legislatura. ¿Para qué? Pues para calibrar cómo encajaba la opinión pública una propuesta de ese estilo.

La rectificación no se hizo esperar por parte de la ministra. Ella misma matizó al día siguiente las palabras que había pronunciado, y que habían  quedado grabadas en la radio, señalando que su intención sólo fue anunciar una posible revisión del sistema de copago. Pero sin entrar en más detalles.

Como suele ocurrir en este tipo de filtración interesada, la confusión es el primer síntoma de que el globo sonda ha empezado ya a surtir efecto. La información, aunque siga sin ser confirmada en fuentes oficiales, comienza a generar reacciones en cascada, ya sea en los medios de comunicación tradicionales, en las redes sociales o en las barras de los bares. Es cuestión de ir tomando nota de las mismas y poner a continuación en marcha una estrategia de comunicación que sirva para calmar a la opinión pública y desmentir parcial o totalmente esa iniciativa, si se considera necesario.

Cualquier globo sonda lanzado al aire desde las esferas del poder podrá ser recuperado y reavivado con efecto retroactivo más adelante, si las circunstancias se consideran propicias y  tomando además en consideración algunas de las alegaciones que fueron surgiendo en medio de ese debate.

Eso sí, lanzar iniciativas y proyectos al aire para ver lo que pasa también entraña riesgos importantes: la pérdida de credibilidad de los gobernantes promotores de los mismos y la falta de control de los asesores que les diseñan esta estrategia sobre la respuesta de la calle.

Y, lo que es peor, tienen en su contra una falta de consideración hacia  los profesionales de la información que recogen el guante y posteriormente  comprueban que todo ha sido una falsa alarma. Por no decir un engaño.

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