Soy un profesional de la comunicación pero me siento como un teleoperador

Se habla de profesiones complicadas. Se habla de policías y periodistas, de mineros y taxistas, de pescadores y poceros, de abogados criminalistas. Pero para mí hay una profesión, y permítanme el atrevimiento –es una sensación sin base empírica-, que me parece de las peores de todas: la de teleoperador.

TELEOPERADOR

Piensen en ustedes mismos. Reciben una llamada de un número largo, sospechoso, y comienzan a preparar el contraataque, la forma en la que cercenar de plano la conversación. Lo más importante de todo es descargar sobre ellos todo ese rencor y furia acumulada que alimentan ciertas compañías.

El teleoperador o teleoperadora no tienen la culpa de nada, cumplen con su trabajo siempre con una exquisita educación y están muy cualificados -en muchos casos más que los receptores de la llamada- pero, qué carajo: son el saco perfecto al que golpear.

Me recuerdan, salvando las distancias, a muchos compañeros del sector de las de las agencias de comunicación cuando hablan con algún periodista en concreto. Cambien al receptor de la llamada por un periodista y al emisor de la llamada por un ejecutivo de cuentas.

-Buenos días, soy Pedro Sanz, le llamo de la agencia de comunicación de Consultores Jander.

-Buenas –dice el periodista con desgana-.

-Le llamo porque acabamos de realizar un estudio sobre…

-Me pillas muy liado.

-¿Le podría llamar más tarde?

-Mándame un email con la información a periodista@eldiarioimaginario.com

Tutu, tutu, tutu (tono de fin de llamada).

-Un saludo.

El ejecutivo envía el correo y deja pasar unas horas.

-Buenos días, soy Pedro Sanz, le llamo de la agencia de comunicación de Consultores Jander.

-Buenas –resopla el periodista-.

-No sé si le dio tiempo a ver el correo que le envié con la información…

-No he recibido ningún correo…

-Se lo mandé esta mañana a las 13:50

-¿Me lo puedes reenviar?

-Sí, por supuesto.

-Pues si le parece se lo mando de nuevo y le llamo mañ…

Tutu, tutu, tutu (tono de fin de llamada).

-Un saludo.

El ejecutivo respira hondo, cierra los ojos despacio y expira una buena bocanada de aire mientras reenvía el correo. Y vuelve a llamar al periodista al día siguiente.

-Buenos días, soy Pedro Sanz, le llamo de la agencia de comunicación de Consultores Jander.

-Buenas –saluda con indiferencia-.

-¿Ha podido ver el correo?

-No me ha llegado, pero cuéntame de qué se trata.

-El caso es que Consultores Jander acaba de realizar un estudio sobre la situación de la mujer en España y…

-No me interesa –concluye el periodista-.

-Déjeme que le explique. El informe pone de manifiesto que…

-Mira, ando muy liado ahora mismo.

Tutu, tutu (tono de fin de llamada)

-Muchas gracias.

Quien haya trabajado en una agencia de comunicación habrá hecho suyo este artículo y la situación descrita. Después de ver a menudo este tipo de situaciones, cada día siento más respeto por los teleoperadores y  ejecutivos de cuentas que, en tantas ocasiones, son tratados con desdén. Vaya por delante que quienes hacen uso de esa mala educación son una minoría, al menos en el sector que conozco con cierta profundidad, el de la prensa. He tenido la suerte de trabajar en medios de comunicación un tiempo razonable y puedo aseverar que la mayoría de los profesionales que he conocido son respetuosos y comprensivos, pero el ruido que genera un solo maleducado silencia a todos los que utilizan las buenas formas.

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