Propósito de año nuevo: cómo comunicar sobre trastornos alimenticios

Se han acabado las navidades, ha empezado un nuevo año y con él, nacen los propósitos. Tras habernos puesto las botas en la cena de Nochebuena, la comida de Navidad, las uvas y copas de fin de año, llega el momento de pasar por la báscula y descubrir que hemos cogido unos kilitos de más.

Para muchos, empiezan los remordimientos: “si no me hubiese comido ese último pedacito de queso”, “si hubiese bebido menos vino”…Lamentos y más lamentos que se traducen en comenzar una nueva dieta o pasarse por el gimnasio el primer lunes laborable de enero e inscribirse. Ir o no, eso es otra cosa.

Imagen propiedad de Irmi Nir. Fotógrafo: Israel Cohen

Imagen propiedad de Irmi Nir. Fotógrafo: Israel Cohen

La televisión también se suma a esta tendencia de principios de año. Los anuncios se llenan de productos milagro que te van a dejar una figura esbelta para que te puedas poner el bañador más pequeño que encuentres este verano.

¿Nos estamos volviendo locos? La presión social a la que estamos sometidos exige tener un cuerpo perfecto. En el caso de las mujeres, si usas más de una talla 44 ya llevas una ‘talla grande’. En el caso de los hombres, si los músculos de la parte superior de tu cuerpo no son tan grandes como tu cabeza, entonces estás perdido.

Estar sano- que no delgado- no es una exigencia que se tenga que cumplir, sino una forma de vida basada en el consumo de todo tipo de alimentos (incluidos las verduras y excluidos las guarrerías). Es complicado, eso nadie lo duda, pero no significa que haya que comer porciones mínimas de comida para no engordar, porque entonces algo más complicado se está camuflando tras la comida.

Todo esto se convertiría en un caldo de cultivo idóneo para uno de los trastornos psicológicos más duros que lleva con nosotros más tiempo del que podemos imaginar: la anorexia y bulimia.

A grandes rasgos casi todos sabemos lo que son: trastornos alimenticios en los que el paciente o bien deja de comer voluntariamente, en el caso de la anorexia, o bien el sujeto se da grandes atracones de comida que luego vomita, la bulimia. El factor común de ambas es una distorsión de la imagen de la persona que vive con ese demonio.

Desde Indie PR hemos investigado cómo comunican los medios de comunicación sobre estos trastornos y hemos desarrollado varias claves comunicativas que hay que tener en cuenta cuando se informe sobre anorexia y bulimia.

  1. La anorexia y la bulimia matan. Son trastornos que van más allá de dejar de comer un día porque las personas que lo sufren se obsesionan por la cantidad de calorías que ingieren y por perder peso.
  2. No hay responsables. Ambos trastornos son multicausales por lo que ni el propio paciente ni su entorno son culpables directos de lo que les sucede.
  3. Hay que estar sano, no delgado. En nuestra sociedad se tiende a relacionar el estar delgado con estar sano pero no tiene nada que ver. Una persona sana es aquella que llevaba a cabo una dieta equilibrada y alejada del sedentarismo.
  4. Evitar las frivolidades y dejar de poner la lupa en el cuerpo humano. En los últimos años se ha visto un aumento de los caso de anorexia y bulimia en los varones por la presión a la que se sienten sometidos por estar delgados y lucir el cuerpo fit que tanto nos gusta remarcar.
  5. Todos podemos sufrir anorexia y bulimia. Se tiende a pensar que estos trastornos solo afectan a adolescentes por la época de cambios que supone esta edad. Pero no es así. Los últimos informes revelan una mayor presencia de mujeres mayores de 40 años con bulimia.

Los medios de comunicación tienen un impacto brutal en la opinión pública y no distinguen por edades o géneros. Y no están ayudando. Mostrar una vez al año a una chica joven y muy delgada en el telediario como la cara visible de estos trastornos no sirve para nada porque no cuentan todo los efectos devastadores que hay para el organismo de quien la sufre, el cambio que experimentan las relaciones interpersonales, etc.

Tiene que haber una mayor concienciación por parte de quienes comen y cenan cada día con miles de personas y dejar de utilizar las caras bonitas –y cuerpos delgados- de la pequeña pantalla para bombardear con productos milagro.

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