Indie PR + digital | Por enésima vez: Trabajo en comunicación, no en publicidad
1639
post-template-default,single,single-post,postid-1639,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

Por enésima vez: Trabajo en comunicación, no en publicidad

Por enésima vez: Trabajo en comunicación, no en publicidad

Hace no mucho tiempo, en una cena de esas en las que no conoces a casi nadie pero debes acudir porque te lo pide tu pareja, se ponía sobre el mantel el quehacer laboral de quienes allí pasábamos tan alegre velada. En cenas de esta ralea es lo suyo despellejar a los comensales mentalmente para matar el aburrimiento que siempre provoca sentarse con quien uno no conoce. “Este tiene cara de pasa, vaya comentario de este otro, aquél no puede ser más tonto y el de mi lado sufre halitosis y no lo sabe”. Lo típico.

publi y comunicacion

Llegados al segundo plato, con el vino haciendo su trabajo como Dios manda, arrancó la clásica conversación en la que cada uno explica cómo se gana la vida. Había lo de siempre: un ingeniero, una profesora, un empresario, dos autónomos y cuatro parados. Todo iba como la seda hasta que me tocó el turno de contar lo que hago.

Sólo dije algo así como “trabajo en una empresa en la que asesoramos a personas y compañías en su comunicación. Básicamente, les ayudamos a que aparezcan en los medios”.

A renglón seguido el ingeniero que tenía en frente levantó la barbilla, la acunó entre el índice y el pulgar para darse prestancia, y rebuznó: “Ah, sí, entiendo: te dedicas a la publicidad y rollos de esos”.

Empecé a ponerme verde al tiempo que el tambor de los latidos de mi corazón aporreaba mis sienes. Me crujía los dedos de las manos bajo la mesa de puro nerviosismo y mi pie hacía palanca contra la pata de la mesa, todo para dar salida a tanta tensión. Comencé a respirar por la nariz profundamente y a expulsarlo despacio por la boca mientras una voz interior me decía: “Marcos, eres un junco hueco, el universo se expande a tu alrededor”.

Restituido momentaneamente y siendo consciente de que sólo los profesionales de la comunicación serían capaces de entender mi cabreo, añadí:

“Estimado comensal –dije con retintín- está usted equivocado. Una cosa es la publicidad y otra la comunicación. Me explico. La publicidad consiste básicamente en que una empresa aparezca en un medio, en las partes debidamente identificadas como publicitarias,  a cambio de una prestación económica y dentro de unas normas que rigen la forma y modo en que se muestra esa publicidad. La comunicación, por el contrario, no se paga. La comunicación, las noticias, sólo son publicadas si el periodista o el medio en cuestión lo consideran noticia. Mi trabajo consiste en buscar noticias dentro de empresas –que pagan una cantidad mensual por este servicio- para que los periodistas las valoren, y si las publican, pues mejor que mejor. Consiste en explicarles qué productos, servicios o novedades deben presentar en rueda de prensa, cuáles otros comunicarlos mandando notas de prensa u ofreciendo entrevistas con portavoces, y elaborar esas notas de prensa y planes de comunicación para que la empresa aparezca en los medios durante un periodo concreto”.

Pero el ingeniero volvió a la carga:

“Pues vaya tontería. Creo que es mejor pagar por la publicidad y ahorrarse ese coste mensual en servicios de comunicación”.

A lo que repliqué:

“Depende. Cuando leemos, por ejemplo, el periódico, tendemos a pasar las páginas en las que hay publicidad sin prestarles atención. Piensa qué momento aprovechas para beber un vaso de agua o ir al servicio si estás viendo una película en televisión. El de la publicidad, ¿verdad? El motivo es que cuando sabemos que hay una página de publicidad o unos minutos de anuncios sabemos de qué va la cosa: sólo suele hablarse de las bondades de los productos, de generar estímulo para que haya una compra de los mismos.

Sin embargo cuando leemos noticias o vemos el telediario es diferente. El contenido ha pasado por las manos de un profesional –periodista- que ha evaluado lo que es o no noticia y trata de ofrecer todos los puntos de vista posibles de la misma para que el receptor pueda hacerse una imagen propia con todos los elementos posibles a su alcance. Es cierto que la valoración de lo que es o no noticia está condicionada por el medio, la subjetividad del periodista y las presiones de otros agentes externos –seguramente los que más influyen en la tergiversación informativa-, pero el fin último del periodismo no es otro que mostrar la realidad de la forma más aséptica posible. Por ello el peso de la comunicación o información respecto a la publicidad es más grande. Sólo hay que ver la valoración económica que las empresas especializadas en publicidad y comunicación hacen de uno y otro concepto: la comunicación cuesta tres veces lo que la publicidad. Me explico. Si poner una página de publicidad en un diario supone un coste de, por ejemplo, 3.000 euros, una página de información en ese mismo diario costaría 9.000 euros –ojo, en ningún caso se puede comprar la información en medio de comunicación alguno, hablamos de un supuesto-“.

Él, un poco exasperado, aparentemente, y en evidencia por desconocimiento de la materia, contestó: “Pero son servicios que no generan retorno de la inversión, no son tangibles, no generan beneficios cuantificables”.

A lo cual, zanjé: “¿Cuánto vale la conversación que hemos tenido en esta mesa? ¿Cuánto vale lo que en esta mesa nos hemos comunicado unos a otros? En mi opinión creo que vale lo que tú, yo y el resto de los comensales hayamos aprendido. Y aprender, en mi opinión, tiene un valor incalculable”.