Pablo Iglesias y el control de medios

¿Controlar a los medios para que sean más libres? Ésta es la sorprendente propuesta del líder de Podemos, el televisivo Pablo Iglesias. Según informaba el jueves Europa Press, el eurodiputado de izquierdas asegura en el libro “Conversación con Pablo Iglesias”, escrito por el periodista Jacobo Rivero, que debe existir “una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de partidos políticos”. Su ejemplo, según dice, es Ecuador.

La Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador, aprobada el pasado 2013, ha sido duramente criticada por organizaciones como Reporteros Sin Fronteras. La organización, dedicada a vigilar y apoyar la libertad de prensa en el mundo, ha registrado 67 agresiones a periodistas y medios de comunicación (18 rectificaciones forzadas, 16 campañas de desprestigio contra medios y periodistas –la mayoría llevadas a cabo por el presidente Correa a través de televisión-, y 9 casos de censura directa, entre otros) en el primer año de vigencia de la ley, y critica muy duramente la situación de inseguridad jurídica permanente en la que los profesionales de la información deben realizar su labor. Esta situación, denuncian, ha llevado a numerosos periodistas y medios a aplicar la autocensura y, por tanto, privar al ciudadano de determinadas informaciones que podrían derivar en represalias para los profesionales y grupos mediáticos.

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Pablo Iglesias apunta directamente a la concentración empresarial como causante de la falta de libertad de los periodistas en España. “La gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios”, asegura, una afirmación que resulta sorprendente en un político que debe gran parte de su éxito a su presencia continua en canales de televisión que son propiedad de grandes empresarios como José Manuel Lara o Silvio Berlusconi. Es cierto que la concentración de los medios de comunicación un manos de unos pocos grupos empresariales puede llevar a una homogeneización de las líneas editoriales, pero también es cierto que países como Finlandia, que lidera el ranking mundial de libertad de prensa según Reporteros sin Fronteras, disfrutan de un alto grado de pluralidad informativa a pesar de que la gran mayoría de los medios de comunicación tradicionales se encuentran concentrados en tres grandes grupos.

En España, además, el proceso de concentración mediática se ha dado después de que el Gobierno tratara de introducir nuevos actores, por ejemplo, en el mercado de la televisión, primero concediendo nuevas licencias analógicas y, posteriormente, iniciando la conversión a la TDT. Tras menos de diez años, muchos de los nuevos canales han tenido que fusionarse  para sobrevivir, por lo que podría hablarse de una concentración “natural”, causada por las propias características del mercado y no por injerencias políticas ni el intento de ningún empresario de dominar el sector. Hemos querido plantear estas cuestiones al partido Podemos, pero no disponen de ningún teléfono de contacto en su web, en sus canales de redes sociales ni en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior.

Respecto a la necesidad de un control político para garantizar la veracidad de las informaciones difundidas por los medios, podemos seguir el ejemplo de uno de los medios de referencia a nivel mundial: la BBC. Aun siendo un medio público, y por tanto sujeto en teoría al control estatal, los profesionales de la cadena disfrutan de un grado de autonomía altísimo. Aunque el Board of Governors (Consejo de Gobernadores) es nombrado por la reina a propuesta del ejecutivo, en la práctica existe un pacto tácito de no intervención gubernamental, y la cadena ha llegado a realizar graves acusaciones contra el Primer Ministro en algunas ocasiones.

Esta información sale a la luz cuando Podemos está viviendo una serie de ataques desde determinados medios de comunicación, que han llegado a acusar a Pablo Iglesias de colaborar con una plataforma de apoyo a los presos de ETA. Aunque la conversación que el libro reproduce se tuvo lugar, según parece, poco después de las elecciones europeas del 25 de mayo, recientemente escuchábamos al tesorero de la organización, Juan Carlos Monedero, reclamar una nueva regulación que protegiese a los periodistas de las presiones. No parece que, con el referente de Ecuador, se pueda avanzar en ese camino, ni que la concentración empresarial que denuncia Pablo Iglesias implique per se una lesión del derecho de los ciudadanos a recibir información veraz y plural. Lo que sí está claro es que el periodismo necesita hacer una profunda reflexión sobre su situación actual, su función en el sistema democrático y su responsabilidad para con los ciudadanos. Pero esa reflexión debe venir de los propios periodistas, y quedar al margen de los intereses de las instituciones, los partidos y los políticos.

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