Indie PR + digital | Neymar no tiene que educar a nadie
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Neymar no tiene que educar a nadie

Neymar no tiene que educar a nadie

En un debate entre todos los que formamos Indie, sólo yo defiendo que el futbolista debe jugar al fútbol, y todo lo demás es secundario: gestos a cámara, besitos a la grada o salidas de tono en redes sociales son aspectos que, bajo el punto de vista de mis compañeros, estos profesionales deben cuidar, en gran medida, porque son un espejo para los niños. En mi opinión, esta premisa solo se sostiene por parte de esos padres que eluden su responsabilidad como educadores y la delegan en tipos como Neymar (un enorme futbolista y un ejemplo pésimo para cualquiera).

Y hablo de niños porque mi sentido común me dice que un futbolista no puede modificar con su conducta el comportamiento de ningún adulto. Y aunque mi sentido común miente, son los más pequeños los más “afectados” por las acciones de sus ídolos. Identificamos como valores ligados al deporte el trabajo en equipo, el sacrificio, el compromiso…Son estos los estandartes más comunes, más visibles y más valorados, pero nos gusta ver a nuestro ídolo de bufanda silenciando el santuario ajeno, causando una oleada de insultos. Nos pone.

Un querido compañero comentaba en una de nuestras charlas de sobremesa, en tono jocoso, cómo escupió en un partido de fútbol a un rival tras un pique previo. Es este un acto tan común en fútbol como el propio trabajo en equipo: intentar humillar al rival, con artes de mejor o peor gusto nos excita, nos hace sentir grandes; nos hace sentir como los Neymar, Cantona o Ronaldo de turno.

Pero a ellos les exigimos una pureza extraterrestre, porque claro, tienen que dar ejemplo; nosotros, en cambio, somos libres.

¿Por qué han de tener ellos menos libertad que nosotros? Me dice otra compañera disidente que porque no sólo perciben beneficio de su actividad deportiva, sino que, además, firman contratos publicitarios y se asocian a una marca. Unos contratos que las agencias de publicidad y las propias compañías contratantes estudian al milímetro, estando al corriente de los riesgos que entraña para su organización contar con según qué personaje como imagen de su marca.

Más allá de nuestro incontinente cinismo deberíamos tratar de tolerar los comportamientos de los mismos deportistas a los que durante su actividad puramente profesional les exigimos sentimiento, efervescencia y emoción; un compendio de atributos que pedimos que rebajen en según qué circunstancia como el que se desactiva automáticamente y es capaz de tomarse la última copa a medianoche.

Bajo mi criterio, lo ideal sería que Neymar no se riera de sus homólogos, que Almodóvar dejara de rodar películas, que King África pusiera punto y final a su carrera musical y que Charlize Theron estuviera completamente enamorada de mí. Pero Trump gobierna hoy el mundo y Neymar se burla de cada indefenso defensor.