Musicales: comunicar con el cuerpo

Quiero dejar claro, antes de nada, que no existe ninguna regla que especifique cómo interpretar el musical. Hay definiciones que se aproximan, pero es el espectador el que saca sus propias conclusiones. Con esto quiero decir que mi opinión es una más. Igualmente válida como las demás. Hecho este preámbulo, comenzamos.

  El cine no es más que un espejo de la realidad. Se aproxima desde diversos prismas al drama humano, el cual no es necesariamente malo. Es simplemente humano. Y aquí es donde entran los gustos: hay personas que prefieren una historia de amor, desde una perspectiva dramática, como Amanecer (1927), que una comedia, 500 días juntos (2009),Imagen Cantando Bajo o prefiere ver mejor una historia de superación con tintes más realistas, como la reciente Manchester frente al mar (2016), que una con toques más ‘terroríficos’, Gravity (2013). Todos ellos siguiendo las reglas del género y todos ellos igualmente válidos.

Desde este contexto, quiero reflexionar sobre uno de los géneros con menos seguidores, entre los que me encuentro, del mundo cinematográfico: el musical.

Casualmente, el primer musical del cine es, a la vez, el primer filme sonoro de la historia: El cantor de jazz (1927). Una película que sigue las reglas  de los musicales clásicos de Broadway, alternando voz, diálogo y baile. Algo revolucionario sin duda, pero repetitivo. Lo que se cantaba no aportaba al desarrollo de la trama nada nuevo, subrayando únicamente lo que en los  diálogos ya se había dicho anteriormente. Entonces, ¿el baile de Gene Kelly bajo la lluvia tampoco lo ves útil? Correcto. Cierto es que es un número musical precioso, por coreografía y letra, pero se limita a describir algo que sabemos que ha ocurrido: el enamoramiento del protagonista. No dejen de ver Cantando bajo la lluvia (1952), que es una señora película.

Los musicales más valiosos, en mi opinión, son aquellos que dejan al espectador la capacidad de imaginar. Imaginar lo que se está hablando sin decir palabra, interpretándolo a través de las letras y, sobre todo, a través de los bailes. Les ofrezco a continuación la que, para mí, es la escena más lograda de la desconocida La Ciudad de las Estrellas (La La Land) (2017).

Aquellos que hayan visto la película saben que el baile continúa después del corte, y que es una maravilla. ¿Por qué es mi favorita? Aparte de que ambos actores están en estado de gracia, porque deja que el espectador interprete lo que se muestra. Yo me puedo imaginar perfectamente la conversación que están teniendo mientras bailan. Lo comparo con un libro: mientras uno va devorando las páginas, se hace una imagen de lo que ocurre. La mente recupera un lugar que ya ha visto, una situación que ha vivido, una persona que ha conocido, etc… Todo ello según el contexto social y las experiencias que haya vivido cada persona.

El baile es un instrumento más a la hora de narrar una historia. Ya lo hacían Chaplin, Keaton y compañía a través del slapstick, cuando el cine todavía era mudo. El cine es acción, no únicamente diálogo.

¡Quién sabe si dentro de 10 años pensaré  algo totalmente diferente respecto al musical, al releer de nuevo este post! Pero, mientras tanto, seguiré viendo películas como La La Land que, aunque no consiga desentrañar todo lo que esconden, te dejan una sonrisa de oreja a oreja, precisamente por aquello que encierran y que cuesta explicar.

PD: Las películas que pongo como ejemplos en el segundo párrafo no son por casualidad… Son de visionado obligatorio.

Post PD: El Oscar para Emma Stone, ya.

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