Más ventas, menos hinchas

En los últimos meses nos hemos visto envueltos por la polémica que genera este deporte, perdón, esta pasión: el fútbol. Pero esta vez no fue un penalti injusto, un fuera de juego o una falta que merecía la roja directa, sino un cambio radical que nos duele a todos. Y es que los tiempos cambian pero… ¿Y nosotros?

El pasado mes de diciembre un club emblemático como el Atlético de Madrid modificaba su escudo, es decir, transformaba su corazón, “rompía” con lo clásico para alcanzar la modernidad, siguiendo los valores de año nuevo, vida nueva o en este caso “estadio nuevo, escudo nuevo”.football-1799462_1920

Y  hace tan sólo unos días un histórico europeo como la Juventus de Turín, borraba parte de su historia generando el enfado y la burla de los aficionados, pues la revolución ha llegado en forma de “J” y bajo el lema “blanco y negro” tal y como se ha quedado el espíritu de tan reconocido equipo, sin color, sin vida, sin pasión.

La transformación de un emblema en logo, el cambio de un equipo a una marca ha podido con la vecchia signora (recordar este nombre nos hace avergonzarnos aún más si cabe). Hablamos del Calcio, ese campeonato que nos enamoró en los 90, un juego no tan vistoso, sin tanto toque y con menos penaltis, una guerra donde ni el barro, ni los balones duros, ni las camisetas metidas por dentro nos impedían ver el mayor espectáculo de todos, siempre había heridos, siempre había lucha y es por eso que siempre había fútbol.

El rebranding, que lleva consigo el cambio de logos, tipografías, colores… ha podido con lo más puro, con lo más inocente, el corazón de un aficionado y lo que es peor en este caso, ha enterrado el espíritu de un tifosi italiano, ese “loco” que veíamos sin camiseta en pleno enero a través de la televisión, ese ultra que ondeaba la bandera más grande del estadio, ese enamorado al que no le hacía falta una camiseta para llevar rayas blancas y negras, las tenía pegadas a su piel.

Un cambio que seguramente esconde poderosas razones económicas detrás: más ventas, más patrocinios, más publicidad… Pero que también puede esconder algo más importante y que tal vez no han tenido en cuenta: el sentimiento de los hinchas, una de las claves básicas del rebranding.

Quizás estemos exagerando, y puede que en un futuro nadie se acuerde del escudo anterior. Puede incluso que ese nuevo logo sea para siempre. Pero a los románticos del fútbol nos duele cuando nos cambian los colores, cuando en una presentación de dos horas acaban con lo que llevamos defendiendo toda una vida. La Juventus de Turín se identificará a partir de ahora con una “J” en blanco y negro. El toro de Turín, símbolo de fuerza y poderío, ha desaparecido. Ese círculo ovalado blanquinegro que emprendía miedo por Europa se ha ido. La Juventus ha cambiado algo más que su escudo: su espíritu.

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