Las palabras importan

Estamos en la era de la tecnología, de la información y de las RRSS. Hoy en día parece complicado dar un paso sin abrir esa ventana al mundo que es Internet. Vivimos en el siglo XXI y todo es comunicación. Sin embargo, ¿somos todos periodistas? Evidentemente no.

periodismo

 

Según la RAE, “periodista es aquella persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo” o, también, “aquella profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Es decir, lo que diferencia al periodista es el hecho de poseer una responsabilidad.

Para un periodista, comunicar no debe significar simplemente convertirse en un altavoz capaz de magnificar las noticias para que lleguen a la gente. Detrás de la comunicación hay algo más, y no estamos hablando simplemente del modelo de negocio. Debe existir un compromiso con el interlocutor y debe exigirse una calidad tanto en el contenido como en la forma del mensaje.

Es evidente que internet, las tecnologías y el progreso en general han provocado un crecimiento exponencial de la información. Sin embargo esta sobreinformación ha conseguido desvirtuar la profesión de periodistas y comunicadores hasta el punto, incluso, de contagiar sus mensajes con un mal común de la era de los “Millennials”: la falta de rigor.

Nos estamos acostumbrando a recibir estímulos de fuentes muy distintas y, por consiguiente, estamos expuestos continuamente a leer contenidos erróneos, poco documentados o basados en la pura rumorología. Es importante que un profesional sea capaz de transmitir un mensaje claro y riguroso, tanto en la forma como en el contenido, para que salga a la luz dentro del humo que genera tal bombardeo.

Es cierto que las herramientas que nos han puesto a nuestra disposición las nuevas tecnologías han hecho cambiar la concepción de la comunicación y la manera de comunicarnos en general. En determinados aspectos, la innovación nos ha hecho olvidarnos de lo más primitivo por lo que se ha perdido en gran parte la empatía con el interlocutor. Por ello, es imprescindible prestar más atención a los mensajes y tener en cuenta quién está escuchando al otro lado.

Son otros tiempos y, precisamente por eso, tenemos que saber aprovecharnos de los beneficios y no caer en los baches que se han podido generar al andar el camino. Saber en qué fallamos es la mejor manera de tomar cartas en el asunto para mejorar nuestros métodos de comunicación. Tecnología e innovación aparte, el primitivo mensaje es el único pilar para llegar a transmitir lo que queremos. Así pues, florituras a un lado, esmerémonos por cuidar cada palabra. Las palabras importan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *