La desaparición del apellido ‘Hitler’ por la importancia de la marca personal

¿Por qué no hay ningún futbolista que se apellide Hitler? ¿Ni ningún político? ¿Ni ninguna figura popular o casi ninguna anónima? ¿Y qué pensarían si les dijera que en lugar de Marcos Sierra me llamo Marcos Judas? ¿Y si fuera Marcos Goya? Lo más posible es que, casi de forma automática, la percepción que tienen sobre mí cambie. Se preguntarían si en mi genética guardo algo de la personalidad de quien en su momento dio fama al apellido. Escrutarían mis rasgos para buscar un parecido que, de no existir, seguro que inventarían.

En resumen, llevar un apellido reconocido repercute en la marca personal, al menos al principio, cuando no se conoce a la persona en profundidad.

En casos concretos este rechazo es tan extremo que el apellido desaparece por iniciativa de quienes se ven obligados a llevarlo. Es el caso de los descendientes de la familia Hitler. Un apellido en peligro de extinción puesto a que, una vez finalizada la segunda guerra mundial, la mayoría de los familiares del personaje en cuestión decidieron abandonar Alemania y cambiárselo para evitar ser señalados, juzgados y rechazados; para encontrar trabajo sin tener que dar explicaciones, para casarse, tener amigos y una descendencia que no sufriera por su ascendencia.

Tres hijos de un sobrino de Hitler (William Patrick Hitler), con edades comprendidas entre los 50 y los 65 años, viven en Long Island (Nueva York, EEUU) con el apellido Stuart-Houston. Louis y Brian comparten una casita de madera en East Patchogue, donde trabajan como jardineros, mientras que el tercero, Alexander, es un psicólogo retirado que vive en East Northport, a pocos kilómetros. Había un cuarto hermano, Howard, pero murió en acto de servicio –era policía- en 1989.

También hay otra línea de descendencia compuesta por los hijos de una medio hermana de Adolf Hitler: Peter Raubal y Heiner Hochegger. En este caso, aparte de cambiarse el apellido para acabar con una saga asociada a la fatalidad y el genocidio, se habla de que habrían llegado a un acuerdo para no dejar descendencia y acabar no sólo con el apellido, sino directamente con la estirpe.

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