Hacerse de oro en 140 caracteres es posible

Cuando veas en las redes sociales una foto de tu estrella favorita en la que posa “casualmente” con algún producto de una marca, seguramente te preguntes cuánto le han pagado por publicarlo. Pues bien, El Mundo ha podido saber cuánto cobran los principales ases del deporte por este tipo de acuerdos comerciales, y no es poco teniendo en cuenta el tiempo que se tarde en escribir un tuit.

Cristiano Ronaldo, el “futbolista-anuncio” por excelencia, es el que más cobra. Su rendimiento deportivo y su capacidad para llamar la atención de hombres, mujeres y niños le han granjeado unos ingresos publicitarios astronómicos, que en el caso de las redes sociales alcanzan los 200.000 euros por tuit. Ese parece ser el valor de tener 111 millones de seguidores en Facebook y 41 en Twitter. Messi, por su parte, nota los efectos de una menor exposición a las redes sociales (no tiene Twitter y acumula 28 millones de seguidores menos en Facebook que su rival madridista) y se queda en “sólo” 150.000 por cada publicación comercial. Otros como James rondan los 50.000 euros por post.

Fuera del fútbol, encontramos a otras estrellas como Rafa Nadal, a cuyos tuits se les estima un valor de más de 51.000 euros, lo que le convertiría en el español mejor pagado. En motociclismo, Jorge Lorenzo y Marc Márquez se moverían entre los 15.000 y los 20.000 euros, mientras que el jugador de baloncesto Lebron James se situaría segundo en el ranking mundial, con más de 120.000 euros por publicación.

Esta práctica, que lleva dándose desde hace años como algo normal entre personalidades de todos los ámbitos, es cada vez más común y son pocos los famosos que se resisten a engordar sus ingresos publicitarios mediante este tipo de acuerdo. Pero no es algo exento de polémica, pues son muchos los que se preguntan si estas acciones no deberían regirse por los mismos principios que el resto de la publicidad. Entre ellos, el de señalar de manera clara y precisa que se trata de un anuncio pagado, pues las marcas buscan asociar su producto a la influencia y credibilidad que el famoso en cuestión posee de cara a sus fans. De esta manera, el impacto podría ser mayor, ya que aparenta ser una recomendación espontánea de alguien que verdaderamente aprecia el producto, cuando en realidad está motivada por el lucro económico.

¿Deberían las marcas y las personalidades públicas autorregularse en este tipo de acciones publicitarias? En nuestra opinión, no hay duda de ello, y no sólo por el bien del usuario. Como decía Abraham Lincoln, “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”, y las mentiras tienen un recorrido muy corto en Internet. La credibilidad es la base de cualquier ‘engagement’ que marcas y personas puedan tener con sus seguidores en las redes sociales, y cualquier desliz que refleje una falta de honestidad por cualquiera de las dos partes puede ser fatal.

De modo que la próxima vez que veas tuitear a tu ídolo, plantéate que podría tratarse de un anuncio. Ante la falta de regulación, al usuario no le queda más remedio que tener los sentidos alerta. Eso sí, seguiremos celebrando los goles de nuestras estrellas favoritas sin importar cuanto cobren por un mensaje de 140 caracteres.

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