¿Es lícito publicar esta portada?

Hoy en Indie nos hemos “topado” con esta portada. Un menor, atropellado por un coche, yace entre las ruedas del mismo, magullado y con lo que parecen ser huesos rotos. Delante, suponemos, el conductor del turismo que, suponemos de nuevo, espera a los servicios de socorro. Desde luego, si la persona que decidió finalmente “salir” con esa foto quería sorprender y no dejar indiferente a nadie, es evidente que lo ha conseguido.

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A favor de la publicación podemos plantear que no deja de ser una fotografía que llama la atención, que los seres humanos, queramos o no, nos sentimos extrañamente atraídos por el morbo, la sangre y, por qué no reconocerlo, la tragedia. Y no podemos pasar por alto que los medios son empresas privadas que, además de a sus lectores y a la verdad, se deben a sus accionistas para seguir existiendo. Y está claro que quien decidió publicar esa foto tuvo que pensar en la cuenta de resultados del diario (sin obviar el hecho de que estaba contando la verdad).

En este punto, podemos añadir, incluso, una justificación periodística: un medio debe contar la verdad y una foto es verdad en estado puro –una imagen vale más que mil palabras- aunque pueden manipularse con determinados encuadres, pies de foto o retoques con programas de edición. No hay que olvidar que determinadas campañas publicitarias de televisión, como la concienciación frente al alcoholismo en los jóvenes o los accidentes de tráfico cuentan con imágenes muy impactantes. Aunque se trata de actores, no se deja de utilizar el realismo extremo para que la gente comprenda mejor qué sucede con determinados comportamientos.

En contra, en cambio, podemos plantearnos varias cuestiones, desde el punto de vista tanto periodístico como deontológico. La justificación periodística: ¿le gustaría ver una foto en portada de su madre, padre, hermano o de algún familiar, atropellado debajo de un coche? La respuesta seguramente sea no. El periodista tiene múltiples recursos para acercar el hecho a la audiencia, amén de los puramente redaccionales, como por ejemplo evitar que aparezca el cuerpo debajo del coche. Bastaría con encuadrar la imagen de otra manera. La imagen pierde en crudeza pero el medio gana en términos deontológicos.

Y desde una perspectiva más deontológica, podemos preguntarnos qué aporta la imagen de un cuerpo que ha sido atropellado minutos antes de tomar la instantánea. Si es lícito y no atenta contra la dignidad de la persona ahí tendida. ¿Y la del conductor? ¿No atenta, acaso, contra el derecho al honor del que, suponemos otra vez, conducía el coche?

Cada uno que juzgue de acuerdo con sus principios…

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