Indie PR + digital | El valor de la empatía en tiempos convulsos
337
post-template-default,single,single-post,postid-337,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

El valor de la empatía en tiempos convulsos

El valor de la empatía en tiempos convulsos

Hace unas semanas tuve el honor de acudir a un desayuno profesional organizado por la Escuela Europea de Negocios que bajo la premisa de “¿Cómo se mide la calidad directiva de tu equipo?” ahondó en los principales problemas a los que se enfrentan los directivos de las empresas, no sólo en España, sino en todo el mundo.

Una de las principales cuestiones que se abordaron en dicha reunión fue la tendencia, cada vez mayor, a un individualismo del empleado, es decir, a la falta de responsabilidad y de compromiso con la empresa.  Esta situación está directamente relacionada con otra más habitual aún: una gran parte de los empleados no tiene una buena opinión de sus jefes, cree que están ahí para hacerle la vida imposible y para explotarle al máximo. Es más, según una encuesta de uno de los principales portales de empleo de nuestro país, lo que más le molesta a los empleados de su jefe, con un 65%, es que no sean capaces de valorar su trabajo, seguido por la incapacidad de escuchar, con un 18%.

Llegados a este punto, es importante que todos reflexionemos sobre esta situación, dejemos de ver los errores del que se sienta enfrente de nosotros y nos paremos a pensar en qué hemos fallado todos para llegar a esta situación. Y digo todos porque no creo que sea culpa de unos o de otros, sino de ambas partes.

Cuando en medios especializados, escuelas de negocio o artículos de personalidades del mundo empresarial se habla de los valores que ha de tener un buen directivo aparecen a la palestra elementos como la capacidad de liderazgo, la buena visión empresarial o la capacidad de diseñar y perseguir objetivos claros y concretos… Incluso se habla de la honestidad del directivo, valores todos ellos fundamentales, pero se deja de lado una cuestión que, a mi juicio, puede llevar al fracaso a un excelente líder: la empatía. Sí, esa capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando. En definitiva, es la capacidad de “leer” emocionalmente a las personas.

Lejos de querer ser utópica, creo que muchos de los problemas a los que se enfrentan no sólo las empresas, sino las sociedades modernas, se deben a la falta de empatía por parte de los políticos, dirigentes, asesores, ciudadanos, vecinos, compañeros… Sentémonos, hablemos y, sobre todo, escuchemos y comprendamos. De esta forma será mucho más sencillo que todos empecemos a tirar del mismo carro y en la misma dirección. Como bien decía Winston Churchill, “es necesario tener valor para levantarnos y hablar, pero también es necesario tenerlo para sentarnos y escuchar.”