Cómo debe ser el candidato perfecto a las elecciones

ELECTO-CANDIDATO

Acaban de celebrarse las elecciones municipales y, tras los igualados resultados, ya entramos en la batalla por las generales, que serán una guerra de propuestas, programas, promesas… y comunicación. Y es que poco a poco los candidatos van aprendiendo (a veces a fuerza de derrotas) que la imagen es igual de importante (si no más) que el programa. De nada sirve que un partido tenga la mejor propuesta de empleo para el país si al ciudadano no le llega esa percepción. Pero… ¿cómo debe ser el candidato perfecto?

La imagen

Lo primero que hay que hacer es tirar de lógica: ¿Cuál es la primera impresión que un ciudadano tiene de mí? ¿Cuál es el primer filtro que genera una percepción inicial mía en la población? La imagen. Puede parecer básico, pero para muchos no lo es. Si aparece un candidato sin afeitar, sin peinar o con una camiseta, eso ya creará una primera impresión que quedará marcada en la mente del votante. De hecho, recientes estudios indican que el 40% de los empleadores rechazan a un candidato por su ropa.

El candidato tiene además que aprender a desprenderse de la imagen del político que existe hoy en día en nuestro país, del político tradicional de traje y corbata, pero a la vez debe cuidar su aspecto físico, mostrarse siempre arreglado y aseado. Eso no tiene nada que ver, como creen algunos, con caer en el “pijismo”, ya que a nadie le genera desagrado una persona aseada.

En segundo lugar, es necesaria una cercanía con el ciudadano, para lo cual hay que empatizar y darse cuenta de lo que la gente quiere. La gente quiere un político cercano, atento a sus intereses, valiente (sin dejar por ello de ser humilde), compartir las inquietudes de los demás, mostrarse preocupado por lo que los ciudadanos demandan, ser transparente… En definitiva, ser como a cualquier ciudadano le gustaría que fuese su presidente.

Y por supuesto, todo lo anterior sin descuidar la presencia en los medios y redes sociales, aquellos entes que pueden decidir el futuro de un país. No puede ser que al final de campaña la gente no haya oído hablar a un candidato (como pasó con VOX en las municipales) o que éste no tenga perfil en Twitter. El caso de éxito de Podemos se basa, por ejemplo, en un carismático comunicador que se ha convertido en líder político gracias a las tertulias televisivas en las que participaba.

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La campaña perfecta

Si bien la imagen es muy importante, no lo es menos la campaña. Para que ésta sea realmente efectiva es necesario un candidato en el cual los valores del partido se vean reflejados, que sea a su vez un líder mediático y con capacidad para empatizar con el público, que muestre cercanía, que se le vea en actos públicos con la gente.

No podrá olvidarse, además, de movilizar a la juventud y a los ‘influencers’ de la sociedad, de posicionarse a favor de los colectivos más desfavorecidos. Deberá conseguir que los votantes se sientan plenamente integrados en la campaña, y para ello, deberá mostrarse como una opción válida de gobierno, bien a través de hechos (PP) o de promesas que casen con los intereses ciudadanos (Podemos y Ciudadanos), pero evitando siempre crear una campaña basada en la crítica destructiva al rival (como en su día hizo el PP y ahora hace el PSOE).

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