El ‘Canapero’, esa figura que no puede (ni va a) faltar a tu rueda de prensa

Por Marcos Sierra

Si trabajas en esto de la comunicación entonces sabrás que sólo esa rueda de prensa que has montado ha sido un éxito si hace acto de presencia una figura de la que ahora vamos a dar cuenta: el canapero.

El canapero no es un periodista, es un profesional del caradurismo que se infiltra en los eventos con la prensa –y en muchos otros-, un comercial de sí mismo cuyo único fin es acabar con los canapes, mini chapatas, vinos, cruasanes y lo que se le ponga por delante. Su capacidad para engullir es inefable. Sospecho que comen de forma tan desaforada porque no vuelven a hacerlo hasta la siguiente rueda de prensa; es como lo de los camellos y su forma de beber agua.

Captura

Son fácilmente reconocibles porque suelen vestir ropa de eventos anteriores. A saber: polos que regala esa firma de informática con su logotipo en el pecho, paraguas serigrafiados con la enseña de una conocida marca de vehículos, bolígrafos de merchandising… Pero, sin duda, la característica por la que más claramente los reconoceréis es por su seguridad en sí mismos. Tú, que llevas años y años trabajando en el sector -por ejemplo- tecnológico, conoces –o crees conocer- a todos los compañeros de profesión. Así que te pones a pasar lista durante la rueda de prensa que te ha tocado organizar, hasta que te detienes en un rostro que no reconoces pero te resulta familiar porque –seguro- ya te la ha colado alguna que otra vez-. Así que te acercas a indagar.

-Hola, qué tal, ¿de qué medio eres?

-Hola, qué tal, soy Mengano de Tal, vengo del diario El País.

De El País, dice, ni más ni menos que de El País. Tiene las santas gónadas de decir que viene del diario con mayor difusión en España. Y lo dice mientras sonríe masticando una mini napolitana de bonito con tomate a punto de derramarse por la comisura de sus labios. Así que, con esa imagen, que te acompañará durante toda la rueda de prensa, te das la vuelta y llamas a la remanguillé a El País para ver si trabaja alguien llamado Mengano de Tal. Sabes de sobra que no trabaja ninguno, pero llamas para autolesionarte un poquito más. En efecto, te confirman que te la han colado, pero, ¿qué vas a hacer? ¿Montarla y echarle delante de todo el mundo? Hay que aguantar, no te queda otra.

De todo esto lo que más me duele es cuando los periodistas abandonan la rueda de prensa y se tiene un detalle con ellos. Pongamos que se regala un pincho USB con información de la rueda de prensa. Cuando Mengano de Tal se despide abre la palma para recibir el pincho USB, se lo guarda en el bolsillo y vuelve a abrir la otra mano.

-¿Me da otro más para mi hijo el pequeño, por favor? –sonríe-.

Y tú, con los ojos inyectados en sangre, depositas otro pincho USB sobre su mano mientras memorizas cada rasgo de su cara para que no te la vuelva a liar. Pero sabes que volverá a pasarte.

 

 

 

 

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