Arroyo del Puerco, pioneros del rebranding

La provincia de Cáceres cuenta con municipios extraordinarios, entre los que cabe destacar el que, durante siglos, se denominó Arroyo del Puerco. La belleza de sus calles, la simpatía de sus gentes y su rica cultura lo convierten en una parada obligatoria en cualquier viaje por la geografía extremeña. Sin embargo, allá por los años 30, sus habitantes se dieron cuenta de un problema: su marca municipal necesitaba un naming acorde a sus cualidades. Por mucho que en España aprovechemos hasta los andares del cerdo, la palabra “puerco” no transmite precisamente los atributos de hermosura y afabilidad que le son propios a la localidad. Con esta idea en mente, se inició el proceso por el cual Arroyo del Puerco pasó a conocerse como Arroyo de la Luz, convirtiéndose en un pueblo visionario al protagonizar un rebranding décadas antes de que se popularizara este concepto.

Los inconvenientes de la antigua marca resultan evidentes: imagínate salir de tu pueblo, por ejemplo, para ir a la universidad, y decirles a tus nuevos compañeros que vienes de Arroyo del Puerco.

Autor: Fortran

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Esta denominación afectaba seriamente a la imagen del municipio, que no se correspondía con la realidad. Es más, cualquier campaña de turismo nacería herida de muerte. ¿Y que sería entonces de todo su patrimonio cultural? Desde las carreras de caballos de su fiesta más importante, el Día de la Luz (fiesta de interés turístico regional), hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, con su impresionante retablo de Luis de Morales, su valiosa cultura quedaría desaprovechada en términos económicos y turísticos. Tras este primer análisis sobre los pros y los contras de la marca inicial, un requerimiento esencial antes de iniciar cualquier proceso de rebranding, el municipio tomó la acertada decisión de cambiar su nombre por otro que inspirara una visión más agraciada del pueblo.

Arroyo de la Luz fue el nombre escogido, como muestra de la devoción de sus habitantes por su patrona, la Virgen de la Luz. Así, cumplieron con una de las claves de todo buen rebranding: no realizar un cambio radical y mantener nexos de unión con la antigua marca para que siga siendo reconocible. No sólo se mantenían inalteradas las primeras palabras del nombre, sino que la variación estaba íntimamente ligada a la tradición del municipio. De esta manera se retiene a los “consumidores” actuales y se llega a otros diferentes con nuevos aires. En el caso concreto que nos ocupa, el cambio no era tan radical como para enfadar a los habitantes del pueblo, y servía para proyectar una imagen más positiva al exterior.

En adición, podemos señalar otro requisito indispensable del rebranding, como es tener claros los atributos que queremos transmitir con el nuevo nombre de nuestra marca. Arroyo de la Luz suena a calma, luminosidad, naturaleza… sin duda, algunas de las características más relevantes de lo que supone estar en esta población.

Con el ejemplo de Arroyo de la Luz, quizá otros pueblos de nuestra geografía como Guarromán (Jaén) o Villapene (Lugo) se planteen modificar su marca para atraer el turismo y la inversión, por ejemplo, volviendo a sus orígenes y tomando los nombres de Valle de los Granados y Villa Penius, respectivamente. Un rebranding siempre es costoso y difícil, pero saber ejecutarlo de la forma adecuada puede catapultar el éxito de tu marca a lo más alto. En el caso de este pueblo, sus habitantes pueden decir con orgullo que descienden de unos pioneros del marketing moderno.

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