Aquí estoy yo

El ser humano es como es, y a todos nos gusta hacernos notar. Desde nuestra más tierna infancia necesitamos atraer atención hacia nuestra persona. Está en nuestra naturaleza y, aunque algunas personas lo desarrollen más, a todos nos gusta decir “aquí estoy yo”.

Pero ha sido hasta hace relativamente poco que sólo podía hacerse en un ambiente reducido de grupos con los que se convivía. Con la increíble explosión de Internet y las Redes Sociales se nos ve demasiado el plumero. Preparamos a conciencia desde la biografía de Twitter hasta la foto de portada de Facebook, pasando por una cuidadosa elaboración de lo que se quiere decir: cuanto más acogida tenga, mejor.

Hablar de nosotros mismos nos produce una satisfacción interna con la que pocos placeres pueden competir; nos gusta saber, y aún nos gusta más demostrar que sabemos. El reconocimiento externo de nuestras cualidades o logros es, desde mi punto de vista, el culmen de esta satisfacción de la que veníamos hablando.

¿Tendrían las RRSS personales el mismo éxito si no estuviera en nuestra naturaleza el querer hacernos notar? ¿Existirían? ¿Se han convertido en una verdadera necesidad para nosotros?

 Habría que analizar estas preguntas a fondo con otras muchas variables influyentes para llegar a una conclusión algo fiable, pero creo que sin esta cualidad innata  de la que venimos hablando que tenemos las personas, a este tipo de RRSS no le daríamos tanta importancia; tendrían menos valor.

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