¿Acabará la crisis de imagen de la Casa Real con la Monarquía?

En 2010, las encuestas del CIS reflejaban que la Monarquía era, junto a las Fuerzas Armadas, la institución mejor valorada en España. Sin embargo, sólo un año después, los españoles suspendimos a la Casa del Rey y, desde entonces, su imagen cae en picado, algo que se está convirtiendo en una cuestión de Estado. Algunos medios de comunicación y una considerable parte de la opinión pública ponen entredicho, incluso, la figura del Rey. Gran parte del problema radica en la mala imagen que la Casa Real está dando al gestionar algunos acontecimientos concretos. A saber: caso Urdangarin, imputación de la infanta, las cacerías del Rey…

Según Enrique Pascual, asesor de Comunicación, “la Casa Real ha pasado de ser una institución casi intocable a casi sustituible. Los medios han pasado de no hablar, o hablar bien por un pacto con los periodistas, a hablar de lo que les da la gana. Uno de los motivos de esto se encuentra en que los matrimonios de Urdangarin y Letizia Ortiz han acercado la Casa Real al pueblo”.

Sea como fuere, durante años, una mayoría de españoles han visto a la Corona, y más especialmente al Rey, como esa institución que velaba por los intereses de todos, valedora de la democracia, precursora de la Transición, que mandó callar a Chávez saltándose el protocolo -gesto que, por cierto, aplaudimos una mayoría de españoles- y, sobre todo en los últimos años en los que se ha dejado campar a los nacionalistas vascos y catalanes a sus anchas, ha sido la figura central que aseguraba la unión de un país con cada vez más “realidades nacionales”. Pero esos tiempos, por desgracia para los Borbones, han pasado.

El Rey parece debilitado en su papel como defensor de las libertades. No es aquél que se enfrentó a Tejero y los demás golpistas el 23F; tampoco es esa figura clave de la Transición que convenció al mismo Carrillo a renunciar a la República; por no ser, ya no es, al menos internamente, el mejor “embajador” que España puede tener en el exterior que mueve ficha “desinteresada y campechanamente” por los empresarios españoles en el exterior.

Don Juan Carlos es una figura acorralada, y no sólo porque su cadera, maltrecha tras una cacería en Botsuana, le impida desplazarse con agilidad y rapidez. Se le percibe como el cabeza visible de una familia corrupta (aunque sobre el papel sólo lo sea presuntamente), imputada por un juez y también por la opinión pública en general, que vela por sus propios intereses; se le percibe como un figura que tiene un doble rasero para juzgar las acciones de las personas en función de si tienen o no sangre azul. Incluso, ahora nos acordamos de que al Rey no lo elegimos nosotros, sino un dictador que, como cualquier otro, no pasará a la historia por sus valores democráticos.

Hemos buscado en Google “Casa Real”, y hemos encontrado que, tras la página oficial de la Casa del Rey, aparecen noticias de distintos medios que todos hablan de asuntos que “afean” la imagen de nuestra Monarquía, artículos de opinión, blogs y foros en los que se plantea la utilidad de la Monarquía, de una Monarquía descrita con muchos adjetivos y casi ninguno positivo. Esas noticias no hacen más que multiplicar la sensación de hastío hacia la institución y diluyen todos los esfuerzos que se están haciendo desde Zarzuela para limpiar esta maltrecha imagen y conseguir ganarse al pueblo de nuevo.

Si alguien hace la búsqueda de la que hablaba antes, tardará un poco en encontrar, por ejemplo, algún enfoque positivo del hecho de que la Casa Real vaya a estar dentro de la futura Ley de Transparencia, o alguna en la que se recoja que el Rey y la institución monárquica han defendido siempre que “la justicia es igual para todos”, y ni qué decir tiene, alguien alabando la entrevista que le concedió el Rey a Jesús Hermida a principios de año. Sin embargo, encontrarán mucho antes cualquier resquicio de Nóos, de princesas alemanas, de cacerías que ocurrieron hace un año, incluso del jefe de prensa de Casa Real, que pagó 116.000 euros al Instituto del yernísimo por un informe cuando trabajaba para BBVA (es decir, antes de ostentar el puesto que ahora tiene, que es efectivamente el de jefe de prensa de la Casa del Rey). Curioso, ¿no?

¿Supone esta crisis de imagen y de incomunicación un peligro para la continuidad de la Corona? ¿Debería la Monarquía española hacer un lavado de cara serio y contratar a una agencia de comunicación, como hacen tantas empresas cuando ocurre una crisis gorda, si no quieren caer en bancarrota? ¿Es esto el principio del fin de la Jefatura del Estado? Sólo el tiempo lo dirá…

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