Indie PR + digital | 5 lecciones de comunicación de Justin Trudeau
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5 lecciones de comunicación de Justin Trudeau

Los políticos de hace 10 años ya parecen de hace un siglo. Desde la irrupción de Obama, la manera de hacer política (o, más bien, de comunicar en política) ha cambiado a marchas forzadas y son cada vez más los candidatos que buscan dar un aire más fresco a sus campañas. Entre ellos destaca el que algunos han apodado como “el Obama blanco”, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. De hecho, cuestión racial aparte, se podría decir que Trudeau tiene  un perfil aún más rompedor que el del expresidente norteamericano. Desde el boxeo hasta el striptease por una buena causa, su historia está llena de detalles que le alejan de la imagen de político tradicional. Su éxito se debe en gran parte a su forma de comunicar, y hemos querido extraer 5 claves por las que su estrategia es tan exitosa.

  1. Siempre en positivo: El Partido Liberal estaba en el peor momento de su historia cuando Trudeau asumió su liderazgo. Por primera vez en siglo y medio, había caído a la tercera posición en las elecciones de 2011, siendo superado por los Nuevos Demócratas. Cuatro años después, todo cambió. Mientras el resto de fuerzas de la oposición trataban de capitalizar el descontento de los electores hacia el gobierno conservador, los liberales hicieron una campaña en positivo, presentándose como un partido con un proyecto dirigido a dar solución a los problemas de los ciudadanos. Empatizar con el enfado de la sociedad puede despertar simpatías, pero nunca se debe olvidar que lo que el ciudadano busca en los políticos es, ante todo, una buena gestión.
  2. Simplifica el mensaje: Como dice mi compañero Nacho Ordóñez, “habla para los tontos y te entenderán los listos y los tontos”. Utiliza un lenguaje claro y un mensaje directo, que caiga por su propio peso. Por ejemplo, cuando Trudeau presentó a su gabinete de gobierno, apenas tuvo que dar explicaciones sobre las personas a las que había elegido. Una científica como ministra de Ciencia, un especialista en asuntos de refugiados como Ministro de Inmigración, una doctora como ministra de Sanidad… Todas las elecciones parecen de cajón, ¿no? Nadie se paró a investigar anteriores gobiernos para saber si la especialización era determinante en un buen ministro, porque parecía lógico y, por tanto, incuestionable.
    Ese mismo día, dio un segundo ejemplo de lo que es un mensaje simple y directo. Cuando una periodista le preguntó por qué le daba tanta importancia a la paridad entre hombres  y mujeres en su gabinete, su respuesta fue “porque estamos en 2015”. Y punto.
  1. Mantén la coherencia: El fondo y la forma del mensaje tienen que ir de la mano. De hecho, muchas veces es la segunda la que da credibilidad al primero. Si Trudeau hubiese utilizado las mismas formas de los políticos tradicionales, ¿alguien hubiese confiado en sus promesas de renovación? La imagen también es clave en este aspecto, y de ahí que el joven presidente de Canadá prefiera las camisas remangadas a las chaquetas.
  2. Utiliza (bien) las redes sociales: No, no basta con tener un perfil de Twitter activo. Es más: cada vez importa menos la actividad que tengas en tu propia cuenta de Twitter. Lo que importa es la viralidad y la conversación que se genere en torno a tu marca. Esa es la verdadera prueba de que alguien te escucha y de que no eres uno más en el panorama. Hazte selfies con tus seguidores, crea memes, contenidos interactivos… Todo lo que haga falta para que los votantes no sólo sigan tu cuenta, sino que también recuerden tus mensajes.
  3. Sé cercano y accesible: El elitismo ya no se lleva. Hoy en día no se entiende que alguien pueda dar soluciones a los problemas de la gente de a pie, si no es una persona de a pie. Lo seas o no, tienes que parecerlo. Sal a hacer campaña en la calle y habla con quien quiera acercarse a ti (y asegúrate de que siempre haya una cámara para inmortalizarlo o será como si nunca hubiera ocurrido). Si vienen a felicitarte, sonríe y hazte una foto con ellos. Si vienen a criticarte, dialoga con serenidad y sin engreimiento.

En España aún no tenemos un político que encarne esta manera de comunicar. En un contexto en el que los liderazgos están cada vez más cuestionados y es difícil aglutinar mayorías para gobernar, ¿alguno dará el paso de mirar hacia Canadá?